Wednesday, October 12, 2011

La Memoria del Silencio

La memoria del silencio encaja una historia intima de los cubanos que fueron víctimas de la revolución y los sacrificios que tuvieron que pasar. Dentro de la experiencia de las dos hermanas gemelas y los obstáculos diferentes que pasaron al igual por causa del movimiento.

Menchu sufre la ausencia de su hermana, especialmente porque ella vive la vida que un día de niñas soñaron juntas. Se siente culpable de no poder estar con su hermana. Se siente sola especialmente porque fueron inseparables de niñas, y sin Lauri pierde parte de su identidad. Aparte de su hermana, el movimiento de Fidel impacta la vida de Menchu de día en día porque su nombre y la revolución es lo único que se habla a cada momento. “Llego a casa y Fidel está hablando. Comemos y Fidel está hablando. Salgo al portal y Fidel está hablando…” (pg. 50) Nos damos cuenta que los individuos no tienen propia independencia porque sus vidas se rodean alrededor de Fidel.

Al opuesto, las experiencias de Lauri marcan su vida de un mundo extranjero. Ella se da cuenta de los sufrimientos de su gente a un extremo de exilio al abandonar Cuba. Por ejemplo, uno de sus pasatiempos antes era, ir al aeropuerto y mirar a los otros cubanos que llegan de su país. “Después de empezaron a llegar muchos niños solos. Algunos tenían un letrero alrededor del cuello con sus señas. Creo que por eso, sin ponernos de acuerdo, nunca nadie volvió a sugerir ir al aeropuerto. Dolía demasiado.” (pg. 31) Al contrario de su hermana que el nombre de Cuba y Fide la enfada; Lauri no puede dejar de pensar y de esperar noticias de Cuba. La revolución afecta la relación entre el lazo de hermanas que las une cuando Lauri le pide a Menchu su presencia en el parto de su bebe. “Lauri, ¿pero tú no entiendes? Para muchos aquí vas a tener un hijo de un enemigo de la Revolución.” (pg. 39)

La novela de Aragón es canónica al abrir el tema de la revolución en relación con los sufrimientos y sacrificios que pasaron la gente cubana. Nos dimos cuenta en el caso de la Memoria del Silencio, mientras un cubano vive su propia experiencia de disgustos causados por la revolución, otros la sufren de otra manera.

-Megan, Skyler, Azucena

1 comment:

  1. Hay una escena en particular que me impresionó:
    “La verdad es que a veces tampoco yo no me daba cuenta de las cosas que podían herirla. Todas las semanas le insistía para que me acompañara al Publix a hacer los mandados y el diálogo era casi siempre el mismo.
    Menchu, ¿qué sabor de yogurt quieres?
    Me da los mismo, Lauri.
    Menchu, ¿qué helado?
    Escoge tú Lauri.
    Menchu, ¿Coca Cola de dieta o regular, con cafeína o sin cafeína?
    Lauri, de verdad me da lo mismo...
    Yo no comprendía cómo podía mostrarse tan indiferente a todo, hasta un día que me dijo muy descompuesta, casi gritando:
    ¡Con esta comida se podría alimentar a toda La Habana! No puedo ni verla pensando en la gente allá...y además, ¿no te das cuentas de que no sé escoger? - y salió del mercado llorando” (220-1).
    Desde el punto de vista de Lauri: “De veras que yo tampoco quiero discutir...si también en este viaje he comprendido otras cosas...como por qué te aturdías tanto en el supermercado...a veces me parecías hasta...no sé...malagradecida, porque hice tantos esfuerzos porque lo pasaras bien, porque no te faltara nada...y, no te lo digo por sacártelo en cara ni mucho menos, pero allá todo cuesta dinero, y el dinero viene de lo que uno trabaja, no se da silvestre en el monte...pero ahora me doy cuenta...los cubanos son muy...no sé si decir tercos...o quizás orgullositos...” (252). Lauri está intentando hacer su hermana sentir en casa y disfrutar la vida norteamericana, pero Menchu no puede entenderlo porque su experienca ha sido tan diferente que la de su hermana y tiene miedo de que Lauri se comportaría en Cuba como en Miami: “Tenía muchas ganas de volverla a ver, pero su visita me asustaba. Lauri tenía una visión idealizada de Cuba. ¿Le decepcionaría la realidad? ¿Podría ver, entre tanta miseria, el alma verdadera de la isla y de su gente? Estaba tan acostumbrada a vivir bien, ¿cómo se adaptaría, aunque fuera sólo por unos días, a las condiciones tan difíciles que para nosotros se habían hecho ya naturales” (237-8). Pero no había que tener miedo: “Mis inquietudes habían sido infundadas. Lauri se comprtaba distinto en La Habana que en Miami. De verdad parecía que nunca se había ido. Fue generosa con todos, pero siempre con mucho tacto, para no herir a nadie” (248). Las dos tuvieron un malentendido debido a las diferecias de cultura y experiencia, pero al final llegaron a un entendimiento la una de la otra que les permite unirse aún más que cuando eran niñas vestidas siempre iguales.

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